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Cuarteto's Events mid-2002
March 14th
with Bellas Artes they will play a concert
in Miami, opening the new Mexican Cultural Center.
April 9
performance with University of Connecticut, Storrs
April 23 a debut performance with clarinetist
Joaquin Valdepenas at the Society of the Americas in New York
April 25th
a concert with clarinetist Joaquin Valdepenas in Pittsburgh
July 13-17 returning residency with Austin Chamber
Society, with concert on 16th
August 3, 4 concerts returning to the Maverick Festival
August 27
debut performance with the Ravinia Festival
September 9
debut performance with the Bellas Artes in Paris at the St.Julian
le Pauvre Church.
September 22-28
Judges in 1st String Quartet Competition in Morelia, Mexico honoring
the Cuarteto's 20th anniversary
October 11
performance with the Cervantino Festival, Mexico
October 13
performance with Philharmonic Society & Laguna Chamber Society,
Irvine, California
October 25th World Premiere of a String Quartet
by Carlos Sánchez Gutiérrez at the Centro Nacional
de Artes in Mexico
December 6th
World Premiere of a Concerto for Quartet and
Orchestra by Javier Alvarez with the Xalapa Symphony
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CUARTETO LATINOAMERICANO
Classical Latin Rhythms
Cuarteto latinoamericano:
dos décadas
Fernando Díez de Urdanivia
El Universal
Martes 11 de junio de 2002
Cultura, página 3
En México no se ha dado bien a bien la institución del
cuarteto de cuerda. Un vistazo a la historia revela intentos donde aparecen
los nombres
del inolvidable José Rocabruna, de ese otro gran maestro que fue
Saloma, Domingo González, Luis Antonio Martínez y, más
acá, Hermilo Novelo, Gilberto García, Luz Vernova, Sally
van den Berg. Pero en todos los casos se trató de grupos formados
al margen de otra actividad. Del mismo modo que la Guerra Española
nos regaló una pléyade formidable de intelectuales que modelaron
nuestro camino desde 1940, la Guerra Mundial nos hizo el obsequio del
Cuarteto Lener que, salido de su natal Hungría, deambuló
por el mundo hasta
radicarse entre nosotros y dejar la huella de su arte incomparable, de
su
magisterio fecundo y de su capacidad simbiótica para acoger, desde
la muerte de sus fundadores Lener y Roth, a Higinio Ruvalcaba en el primer
violín y a Herbert Frölich en la viola.
En 1981 comenzó a sonar en nuestro medio musical el nombre de
un nuevo cuarteto formado por músicos que seguían tocando
en distintas orquestas pero que alentaban el afán de integrarse
en un grupo estable y de perseguir la excelencia no sólo nacional.
Después de los cambios y adecuaciones propios de todo conjunto
de cámara, el Cuarteto
Latinoamericano cumplió con dos logros poco frecuentes: dedicarse
por
completo a lo suyo y trabajar sin reposo en favor de la calidad. A 20
años de distancia el grupo, integrado por los hermanos Saúl,
Aarón y Álvaro
Bitran, de origen chileno, y el mexicano Javier Montiel, ha seguido una
trayectoria mundial que se puede calificar de brillante porque se trata
de
un camino en el cual no solamente se cumple el compromiso de sostener
niveles de competencia, sino también se ha mostrado permanente
interés en un repertorio que incluye por igual las partituras consagradas
y la producción nueva: la música europea y las voces de
nuestro continente.
Ya en noviembre de 1992 el Cuarteto Latinoamericano hacía acto
de presencia en este último aspecto con la primera grabación
del Concerto Grosso del criollo cubano
Julián Orbón, bajo la dirección de Eduardo Mata.
Posteriormente esa obra ha sido repetida en vivo con las orquestas de
Dallas, San Antonio, Ottawa y Los Ángeles. Al mismo tiempo el grupo
iba pisando los principales foros del país
y del extranjero y procuraba, tanto en nuestro territorio como en otras
latitudes, proyectar sus conocimientos individuales y su experiencia colectiva
hacia los jóvenes ejecutantes, como lo ha hecho en el Festival
de San Miguel Allende, ya convertido en tradición, y en la Universidad
Carnegie Mellon de Pittsburgh, donde fue designado cuarteto en residencia,
además de los cursos y conferencias que sus integrantes ofrecen
constantemente en los principales centros de música de Estados
Unidos y Canadá. Cuidadoso de su
trascendencia fonográfica el cuarteto ha grabado buen número
de obras tanto de autores de repertorio, como Borodin, Dvôrak, Ravel
y Grieg, como partituras que se pueden considerar insólitas -entre
ellas de Gershwin y
Puccini- y, sobre todo, series integrales de compositores de México
y Latinoamérica: los 17 cuartetos del brasileño Heitor Villa-Lobos,
los de Silvestre Revueltas, el argentino Alberto Ginastera, Rodolfo Halffter
y Manuel Enríquez. Al lado de estas grabaciones de música
de concierto el cuarteto hizo, con tres artistas invitados, un fonograma
que contiene
algunos de los valses mexicanos inmortales de Juventino Rosas, Macedonio
Alcalá, Ángel J. Garrido, Rodolfo Campodónico y Carlos
Espinosa de los Monteros, entre otros. Este disco, producido en México
con éxito
extraordinario, fue lanzado después al mercado mundial por un importante
sello estadounidense.
El Teatro della Scala de Milán y el Carnegie Hall de Nueva York
han sido los escenarios donde ha sonado el nombre de México gracias
al cuarteto, como también en publicaciones del calibre del Times
de Londres, que pone al grupo en "la primera división de los
cuartetos de cuerdas". Varias veces galardonado en México
y candidato en el extranjero
por sus grabaciones, ha recibido elogios de algunas de las revistas especializadas
de mayor prestigio como Music and Musicians y Le Monde de la Musique .
Sus giras más recientes incluyen Amsterdam, Montreal, Madrid,
Buenos Aires, Caracas, Bruselas y Nueva Zelanda, donde el cuarteto fue
invitado al Festival de Wellington.
Escribir sobre el Cuarteto Latinoamericano, a propósito de su
vigésimo cumpleaños, no implica afanes de alabanza. Se trata,
sobre todo, de una llamada de atención para nuestros músicos.
Un señalamiento de que las posibilidades de sobresalir existen,
pero no son gratuitas.
Como si de tratara de un decálogo, aunque no llegue a los 10
mandamientos, conviene puntualizar algunos ingredientes requeridos para
el triunfo de una formación de esta índole. Un cuarteto
no es una chamba y mucho menos un hueso . No es ocupación de "ratitos",
sino entrega de tiempo completo. No es desfogue de presunciones, sino
seguimiento de una vocación. En los días de sus integrantes
no hace ni frío ni calor, hace simplemente cuarteto. Los miembros
han de lograr la difícil combinación de humildad y orgullo,
impulso individual y espíritu colectivo. Necesitan controlar su
ego
sin matarlo y, con alarmante frecuencia, controlar también las
ganas de matar a los otros tres. Ante todo, y sobre todo, para llegar
a donde el Cuarteto Latinoamericano ha llegado en dos décadas,
se requiere el valor de tirarse el clavado y saber nadar muy bien.
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